Ese universo

Seis, siete u ocho cervezas fueron suficientes para dejar mi bicicleta atada El momento me obligó hablar y no callar pero sobre todo escuchar intentando desifrar la inmensidad de ese universo, sin pedir explicaciones. Lo recuerdo borrosamente, entre risas, declaraciones de guerras, e historias de o en tercera persona con un cierto mal sabor de primera. Lo único que retengo con claridad es aquel juego con nuestras propias reglas y esa la luz que subía y bajaba con tranquilidad, calma desafiando la gravedad, con un ritmo propio; lento, tranquilo pero seguro de su destino.
Creo que la gravedad o la ilusión del conflicto, resultó ser un auto reflejo compresivo aun sabiendo que escondía y ocultaba la respuesta de un cúmulo horas, días o inclusive meses sin hablar con mutua sinceridad, del sueño a la pesadilla. Una lección más sin aprender.

Este es el sitio donde escribí algunas postales buscando respuestas, para mí, para ella y unas cuantas personas más a las que que dejé o me dejaron por callar. Era invierno por la noche en un lugar ajeno que me invitaba a sentarme y disfrutar del frío después de una jornada larga de documentales. Retuve el momento de mi mirada en Amsterdam, excluyendo al resto de ciudad en mi encuadre mediante una larga exposición, un espacio vacío pero digno de disfrutar. El invierno ya es verano, no estoy allí si no acá, contando una anécdota más que al parecer no tendrá respuesta igual que la postal.

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~ por 657539145 en 1 junio, 2010.

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