Ripio húmedo

•6 septiembre, 2010 • Dejar un comentario

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a 119 BPMs en este juego

•30 agosto, 2010 • Dejar un comentario

Sé que es un ejercicio que nunca me pondrá en forma porque cuando lo busco no lo encuentro y para decir algo hay que callar. Así es que por esta razón decidí volver a escribir en este lugar. Regresé, mirando a la pantalla y dejando que mi intuición escriba estas palabras.
Volví, pero de una manera un tanto extraña. “A los años” decían esos fantasmas que ahora, por primera vez, me daba gusto en saludarles. Respondí a todos de la misma manera, asentando la cabeza y dándoles la razón. Avergonzado de mi mismo porque siempre está ahí, en mi, abro los ojos y soy un turista en mi propio país.

Estoy de paso -Vamos- dijo, y yo -dale-. Así fue, cogimos un bus y llegamos al destino. No me acuerdo mucho lo que pasó y dejó de pasar, una de esas noche para recordar entre gritos, risas, policías malgenios, los 119 BPMs y nuboso recuerdo de un bebe en una fiesta, son detalles que tampoco merece la pena comentar. En fin.

Llegó la hora esperada, manejaba como un campeón, la luz llegaba y yo me desesperaba. Tunguragua 6:00 A.M. Se escuchaba, dale chucha ya llegamos, dale, dale.
Caminé, caminé, caminé, y sentí el peso de mi cámara en la espalda. Que cabrón es -pareces gringa, mamá y con barba- él llegó primero, el otro segundo y yo tercero. No era una carrera solo que queríamos sentir el placer del amanecer.

Miré y no era nada parecido a lo que era antes, sentí la magia del lugar, esta vez no me dio vértigo en sentir gravedad del cielo, tampoco miedo por ver juegos inquietos de humarolas de un volcán, si no que un escalofrío recorrió mi cuerpo por asentar los pies en esta tierra y mirar al frente preguntándome qué pasará si vuelvo.

Andrés… Nandres…

•11 junio, 2010 • Dejar un comentario

Padre Nuestro

•6 junio, 2010 • 2 comentarios

Padre nuestro…

No entiendo, que alguien me explique. ¿Somos hermanos?. Si lo somos, no creo que de la misma madre. Si ya murió, todos somos huérfanos ¿Quién es el bastardo? ¿Crees que recuerde mi nombre? Seguro tiene su favorito. Quiero rendir ciertas cuentas con él, merezco más que tu. Exijo leer su testamento, mi futuro depende de su herencia. Y ¿Cómo es? ¿De dónde es? ¿Abre las puertas con la mano izquierda o derecha? ¿Le gusta el sushi? ¿Con qué escudería se siente identificado? ¿Pepsi o coca cola? ¿Las tangas de color rosa o rayas? ¿Fuma mientras toma café o es deportista?

¿ De quién es y que espera la sombra tan grande en frente mío? ¿Tiene alguna relación con el hombre de la puerta que me mira?

Que alguien me explique…

Padre nuestro que estas en los cielos…

Ese universo

•1 junio, 2010 • Dejar un comentario

Seis, siete u ocho cervezas fueron suficientes para dejar mi bicicleta atada El momento me obligó hablar y no callar pero sobre todo escuchar intentando desifrar la inmensidad de ese universo, sin pedir explicaciones. Lo recuerdo borrosamente, entre risas, declaraciones de guerras, e historias de o en tercera persona con un cierto mal sabor de primera. Lo único que retengo con claridad es aquel juego con nuestras propias reglas y esa la luz que subía y bajaba con tranquilidad, calma desafiando la gravedad, con un ritmo propio; lento, tranquilo pero seguro de su destino.
Creo que la gravedad o la ilusión del conflicto, resultó ser un auto reflejo compresivo aun sabiendo que escondía y ocultaba la respuesta de un cúmulo horas, días o inclusive meses sin hablar con mutua sinceridad, del sueño a la pesadilla. Una lección más sin aprender.

Este es el sitio donde escribí algunas postales buscando respuestas, para mí, para ella y unas cuantas personas más a las que que dejé o me dejaron por callar. Era invierno por la noche en un lugar ajeno que me invitaba a sentarme y disfrutar del frío después de una jornada larga de documentales. Retuve el momento de mi mirada en Amsterdam, excluyendo al resto de ciudad en mi encuadre mediante una larga exposición, un espacio vacío pero digno de disfrutar. El invierno ya es verano, no estoy allí si no acá, contando una anécdota más que al parecer no tendrá respuesta igual que la postal.

¿En qué planeta vivo?

•24 mayo, 2010 • 1 Comentario

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Pies en la tierra

•22 mayo, 2010 • Dejar un comentario

Se fue sin dejar rastro. Intentó inmortalizar su imagen a los veintiocho años como muchos otros con una simple fotografía a color velada que estaba guardada en aquel cajón de esa casa abandonada con maleza; yo encontré la imagen junto con esta frase con mala letra; “Cenizas quiero ser, así podré crecer y ver lo que hay al otro lado de la pared.”

De pequeño mientras sus amigos jugaban fútbol el coleccionaba saltamontes y enterraba sus pies en la tierra del jardín de infantes, “Pequitas”. Cabía un hueco poco profundo pero suficiente para que sus tobillos se escondieran junto a sus dedos. No le resultaba desagradable, más bien disfrutaba. Reía porque las lombrices le hacían cosquillas cuando se deslizaban através de sus dedos . Al final de la carcajada ponía agua en sus pies para poder crecer. Así empezó todo.

Se movía de un lado a otro, siempre buscó el sitio donde correspondía para asentar sus raíces y saciar su curiosidad; el otro lado inexplorado lo llamaba y él lo escuchaba. El pequeño anhelaba ser grande y así contemplar lo que nunca había visto. Los ladrillos tapaban su vista pero no pudieron apagar su necesidad visual, el placer de libertad. Saltó mucho pero se cansó, intentó trepar pero se cayó, golpeó duro pero se lastimó. No sabía con qué se podría encontrar pero lo quería ver.
Tras muchos intentos fallidos se rindió. Decidió esperar y no moverse más, prefirió recordar el frió de los pies enterrados antes de el esfuerzo sudoroso. Sabía que lo más fácil era esperar pero lo difícil estaba en ser fiel a su idea sabiendo que la solución nunca llegaría. Se arrimó al muro y con la misma regadera roja oxidada echó agua en su alrededor.

Su objetivo se cumplió. Se quedó quieto por mucho tiempo, el hambre y frío del invierno lo convirtieron en un cadáver. Su cuerpo se pudrió y las mismas lombrices descompusieron su cuerpo. Esta ves no rió.

Acertó, cenizas fue y el agua le ayudo a crecer. Un árbol nació y supo lo que hay al otro lado de la pared.

 
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